Poemas, canciones, cuentos y locuras

A petición de nuestra amiga Surya Lecona Moctezuma, abrimos esta nueva sección de su página www.noticiasdcaborca.com

Si

REOL octubre 2014

Si, tu sipieras que tan grande es mi amor por ti

No habria amanecer que recibieras sin un buenos dias

Si, tu supieras que el corazón se alegra

No se disiparia aún la noche

Y extenderías tu mano abierta saludando el dia

Si mi amor no basta para llenar tu alma

Que puedo hacer con el en mi pecho?

Si crees que mi amor no basta

Busca entoncesn pero no te alejes

Si tu amor fue poco y lo olvidas

Solo espero que lo encuentres en un rincon arrumbdo

Entre sentimientos rotos

Si un dia mi amor te toca

Al estar a un lado estira la mano y tomalo

Si al abrir tus ojos cada mañana

Deslumbrados por el brillo del sol en la ventana

No verías nunca mas sombras en la vereda

Que se pierde en la montaña

Si tan solo imaginaras la tristeza de las sombras

Unos labios silenciados

Con el color violeta de la muerte

Quizas entonces sabrias alegrarte de la vida

 

Cuento enviado por uno de nuestros lectores para esta sección tan abandonada

Seguin

Por Isaac LR

La manera en que conocí a Seguin raya sin duda en lo extravagante. En aquellos días no tenía dinero ni para el camión, pero como vivía con mis padres no me faltaba comida ni albergue. Seguin, sin embargo, vivía como un clochard. Estudiábamos juntos en una institución prestigiosa de las ingenierías, que por un par de azares había liberado algunas licenciaturas, entre ellas la de literatura a la que ambos estábamos inscritos. Ésta tenía unos cuantos profesores destacables, pero la carrera en sí era una porquería llena de cursos de ética y ciencias sociales. Los que se graduaban de ella terminaban, en el mejor de los casos, de correctores de discursos y manuales en empresas reconocidas del país, aunque los más hacían de negros literarios, promotores culturales y, lo que es peor, profesores de preparatoria.

 

Nos hablamos por primera vez en una clase de educación. Él llevaba en sus manos el Nocturno de Chile de Bolaño. Por parecer interesante le pregunté si sabía que ese libro originalmente se llamaría Tormenta de mierda, pero que los cobardes de los editores prefirieron cambiarle el nombre por temor a la crítica. Me respondió que naturalmente lo sabía, que todo el que se preciara de ser lector de Bolaño conocía esa anécdota, por demás intrascendente, y que seguramente los editores habían tenido sus razones para cambiarle el nombre, no necesariamente por cobardía, no sé, tal vez simplemente les dio asco y le dijeron a Roberto, así es, lo llamaba Roberto, Roberto, en qué coño estás pensando, coño porque seguramente Herralde fue el que se lo recriminó, qué coño es eso de tormenta de mierda, leche, muchacho, cámbiale el puto nombre al libro, a lo que Roberto había respondido, me cago en tu leche, en tu coño y en el título, pónganle lo que les dicten sus cojones. No supe qué responder, pero como ya estaba sentado a su lado y no podía cambiarme de lugar, me limité a sonreír y voltear a ver a la maestra, que desde hacía rato había empezado una clase a la que nadie ponía atención.

 

Unos días después me lo topé en el pasillo, donde vi que llevaba un libro que pude distinguir de Anagrama, no sé si de Vila-Matas o Irwin Welsh, pues era rojo y a esos tipos generalmente los publican con portadas rojas, pero antes de hacerle dicho comentario recordé la última escena que había pasado con él y guardé mi distancia. Para mi sorpresa, fue él quien esta vez se me acercó para invitarme a un concurso literario que estaba organizando el departamento para el que trabajaba. Le dije que no tenía muchos escritos o que hacía mucho tiempo que no escribía o alguna escusa similar, pero él me dijo, no me jodas, todos los que leen a Bolaño escriben en la misma proporción que folla una puta. ¿Y qué tanto folla una puta?, pregunté. A lo que él respondió riendo. Escoge algo de lo que tengas por ahí y avísame, yo me encargo de las bases, me dijo antes de irse. Me quedé frío. Había participado en mi infancia, ¡no me había dado cuenta de que  ya tengo dieciocho años!, en algunos concursos de calaveras y oratorias en la primaria y secundaria, con éxitos menores. Pero desde un tiempo acá, es decir, desde que me pareció haber encontrado mi voz, lo que se dice mi verdadera Voz, nunca. Me asustó el hecho de tener ante mí la primera prueba de mi carrera de joven escritor, y sobre todo siendo ésta auspiciada por el mismo Seguin, que, según investigué después de nuestro último encuentro, era toda una eminencia en el tema.

 

Toda la tarde de ese día me la pasé frente a la página en blanco de mi libreta. Al principio busqué un par de escritos que tenía perdidos en mi cuenta de correo electrónico: un cuento sobre un narcotraficante que leía poesía, un poema sobre el acto creativo, una reflexión sobre el inicio del período escolar, pero me parecieron pura basura. Quería causar buena impresión, pero sentí que al entregar eso sólo conseguiría un escupitajo en la cara, por lo que decidí empezar algo nuevo. Pero las primeras tres horas, los resultados fueron infructuosos. Las segundas dos, igual. Luego recibí una llamada de mi padre, que me dijo que ya estaba afuera del campus esperándome, que no me tardara, que siempre me tardaba cuando él llegaba, que dejara de hacer lo que estaba haciendo en ese momento, que tenía hambre, que había tenido un día duro en el trabajo, que gastaba mucho en las llamadas que me hacía porque nunca estaba a tiempo para irnos a casa, por mencionar algunas cosas. Le dije que ya iba en camino, pero al colgar volví a contemplar la hoja en blanco y escribí cualquier cosa en cinco minutos, ideas que habían rondado mi mente las últimas horas pero que en ese momento pensé que podía olvidar si no transcribía siquiera. Llené la página y luego me fui corriendo al auto. Al llegar a mi casa, saqué la libreta y me dispuse a releer mis ideas. Todas estaban escritas en una letra ininteligible que asemejaba el mismísimo lenguaje de Voynich, ante lo cual, derrotado, me dormí.

 

A la mañana siguiente, consciente de que ese día tocaba el curso de educación que llevaba con él, imprimí la mayor parte de los textos que había encontrado en mi correo con el poco dinero que traía. Luego corrí a clase y, al entrar, me percaté de que Seguin estaba sentado en una de las esquinas del salón, alejado del grupo como si tramara algo para reducirlo aún más, pues como es sabido, los estudiantes de letras tienden a ser exiguos. Al verme me hizo una señal con la mano, a lo que yo respondí acercándome hasta donde estaba con cautela, temiendo honestamente lo peor. Para mi sorpresa, quitó su mochila y me ofreció el lugar junto a él. De pronto me sentí aliviado, como si aquel signo fuera la marca inapelable del inicio de una amistad. Pero no era así, pues en el momento en que me senté me preguntó por mis textos. Le dije que no había podido llevarlos, que si él quería podía decirme de la convocatoria y no sería necesario que él los revisara, pues me imaginaba que estaba muy ocupado, cosas así. Pero vio las hojas que llevaba en la mano y, caramba, me las arrebató al momento. Ni siquiera me opuse, pues me paralizó el momento en que sus ojos se clavaron en la entrelínea de mis escritos, aquellos que habían sido producto de mis emociones más íntimas, aquellos que habían sido tan elogiados por amigos y familia que, naturalmente, me habían dicho que era de lo mejor que habían leído, porque era de lo único que habían leído, y ante cuyas palabras yo me había sentido grande, aunque sin duda, sabía que aquello no significaba más que palabras de aliento, como las de los jueces de los concursos literarios para jóvenes, que antes de que empiecen las premiaciones dicen que por el solo hecho de participar ya todos son ganadores porque han puesto su empeño en impulsar el arte dentro de nuestra institución y sin duda, todos tendrán una carrera exitosa en lo que se propongan, y no nos debe sorprender que entre nosotros vaya a salir el próximo Mario Vargas Llosa, a lo que yo pienso que ni lo mande Dios, o la próxima Rosario Castellanos, cómo saberlo, pero tenemos que elegir a un ganador y darle a él la beca o el premio en efectivo o la cámara digital o la impresora o la dotación de libros o el reconocimiento o la tableta electrónica de moda o la cena con el autor desconocido que el día de la premiación todo el mundo conoce y quiere ser conocido por él, así que los impulsamos a seguir escribiendo y a seguir participando con nosotros… Cerré los ojos para aguardar el escupitajo, pero en lugar de eso sentí una mano en el hombro, que por supuesto no era la suya, sino la de la maestra, que al verme en aquella posición se acercó a preguntarme si estaba bien y me recomendó salir un momento a tomar aire y beber algo de agua. Lo hice, sin siquiera voltear a ver si Seguin seguía con la lectura o había dado de una buena vez por perdido mi caso como escritor.

 

Al regresar, la clase transcurría de manera normal: mis compañeros leían libros que teníamos encargados para otros cursos, algunos se mantenían absortos en conversaciones con el celular, un par de chicas habían sacado una bolsa de plastilina y se habían puesto a hacer figuras de frutas e incluso Seguin había abierto su computadora portátil y se mantenía aislado por el brillo de la pantalla entre la penumbra del aula. Cuando llegué a mi lugar, vi cómo las hojas de mis textos, perfectamente ordenadas, yacían en el pupitre, como si fueran el currículum que deja el entrevistado frente a su jefe potencial antes de que éste entre o un informe ejecutivo que desea causar una buena impresión. No quise preguntarle nada, y no fue necesario, pues en cuanto me senté me dijo, sin quitar los ojos de su portátil, que no estaba mal. Le pregunté que qué quería decir eso, a lo que me respondió que eso, que no estaban mal. Le pregunté que entonces qué pasaría con el concurso. ¿Qué concurso? Entonces le describí, con lujo de detalle, mencionando fecha y hora, cuando me había hablado del concurso. Ah, ese concurso. Luego se quedó en silencio. Hice lo mismo, y luego volteé a ver a la maestra quien, una vez más, parecía como si no existiera.

 

El siguiente día ni siquiera busqué a Seguin, ni escribí, ni leí, e incluso pensé en no ir a la universidad, pero para ahorrarme una escena en mi casa, finalmente decidí acudir. Me la pasé todo el día encerrado en la biblioteca, haciendo tareas para los curso de letras clásicas, economía y redacción avanzada, todas mediocres. Cuando dio la hora, estuve a tiempo para la llegada de mi padre, se podría decir que unos minutos antes, lo cual no tardó en ser elogiado, ves hijo, que no te cuesta nada llegar a tiempo, así México puede ser un mejor lugar, con gente que llegue a tiempo a donde debe, te felicito, parece que por fin estás convirtiéndote en un hombre hecho y derecho. No entendí lo de hecho y derecho, pero como estaba cansado, asentí. Al llegar me quedé dormido sin cenar.

 

Por la mañana, cuando el sueño se había encargado de desvanecer todo al respecto de dicho asunto, antes de ducharme encendí mi computadora y revisé mi correo. Tenía un solo mensaje en la bandeja, cuyo asunto, en mayúsculas, decía Resultado del concurso. Lo abrí, sólo por curiosidad, pero tal fue mi sorpresa al ver que ese parecía ser el concurso del que me había hablado Seguin. Leí brevemente un mensaje del director de la carrera, que mencionaba los lugares comunes del es para mí un honor y me enorgullece presentar y luego, a los ganadores. Un tal José de letras, en primer lugar, una Adriana Martínez o Monsiváis en segundo y luego, ante el grito de que se hacía tarde, tuve que cerrar todo para apresurarme en la partida a la escuela.

 

Al llegar, una vez más, había dejado de pensar en el asunto, hasta que me topé con una de las compañeras que jugaba con plastilina el día anterior, que me preguntó por José, de la carrera. Le dije que no lo conocía. Me dijo, sí, José, con el que te sientas en la clase de educación. ¿Seguin?, pregunté dubitante. Sí, José Seguin, como sea, ¿no lo has visto? Le dije que no. Entonces, conectando los nombres, le pregunté si sabía si era él quien acababa de ganar un concurso. ¡Sí, ese mismo! Y yo pensé ¡carajo!, o lo dije, no lo recuerdo. ¿Por qué carajo?, me preguntó la chica. Pues porque ese Seguin se sacó el primer lugar, rayos, y pensar que al primer lugar del concurso no le parecieron mal mi escritos, hasta se podría decir que bien, o ¡quién podría negar que hasta los envidió!, tal vez por eso ya no quiso hablar sobre mis textos, tal vez le parecieron muy buenos y pensó que podían hacerle competencia, tal vez él tenía el primer lugar asegurado y temió que mi estilo lo pusiera en jaque. Tampoco estoy seguro de si eso lo dije o lo pensé, pero de lo que sí estoy seguro es de que me puse a reír como un loco, a lo que la chica me preguntó que si estaba bien. De maravilla, le respondí. Ok, ¿entonces estás seguro de que no lo has visto?, pues no, dije, honestamente no he sabido nada de él, ¿por qué? Me dijo entonces que desde hacía dos días había desaparecido, que su celular estaba apagado, la puerta de su casa cancelada, y que la última noticia que había quedado de él era una carta titulada Despedida, que contenía el texto con el que había ganado el concurso.

 

Siempre seré tu voz, seré tu boca

Libertad de prensa

REOL(junio 7 del 2012)

Yo, pretendo ser tus ojos

Pretendo ser tu voz

Pretendo ser lanza, honda, piedra, pistola, espada

En tus manos secas,  descarnadas, recias y agrietadas

Agrietadas, encallecidas de jornadas largas, duras, mal pagadas

Que la intención cuenta

Dicen las buenas y malas lenguas

No importa si lo crees

Tampoco si me lees

siempre seré tus ojos

Seré tu voz, seré tu boca

Seré el heraldo de pesares

Mas también profeta de esperanzas

Soy yo, existo, persevero

Pese a gestos feos y amenazas

Días llegarán no sea necesario

Vendar tus ojos, cocer tu boca, titubear la mano ante las teclas

Siempre seré tus ojos, seré tu boca

No importa si en mi mesa tortilla y sal sean  manjares

Y en la de los directores faisán y vino predominen

Siempre seré tus ojos, seré tu boca

 

Ay México me dueles
Reol (Quince/09/12)
Ay México me dueles
Me ardes, te lloro, me lastimas y lástima me das
Muere uno, mueren dos, mueren mas
Y allá en cómoda oficina los muertos son cifras a la baja
No existen mas que en duelo de familias
Mientes tu, miento yo y aquellos
Los muertos que tu vez son aire, son nada.
Ay México me dueles
Eres llama que me abraza
En el costado la lanza que te hiere
Lenta y quedamente te desangra
Por la herida que supura pus de la injusticia.
Ay México me dueles
La esperanza que alentaba
artera y suciamente destruida
en confortable silla de oficina
Ay México me dueles
Grito, marcho, invito, convoco, escribo, lucho
Nada sirve…
estoy jodido
Ay México me dueles

 

El libro de las mentiras
REOL 29/12/12

Dejad que los niños vengan a mi está escrito
Y yo vi millones muriendo
Panzas verdes hinchadas
la muerte presta
Afilada su guadaña estirando su mano flaca

Primero pasará un camello por el ojo de la aguja
Que un rico al reino de los cielos está escrito
Y yo vi a Juan Pablo franquear el paso a Marcial
También cuando a Pinochet bendecía dándole a besar su argolla

Largo mercaderes del templo está escrito
Hoy los mercaderes pasean y dan misa
Ofertando eucaristías en la bolsa de valores
Sus acciones son las mas confiables

Comed y bebed todos de mi está escrito
El fantasma del hambre se pasea
La tierra entera es tumba abierta
De cuerpos macilentos sedienta
Los panes y el vino
Han desaparecido

No matarás esta escrito
El hombre ha hecho del matar su deporte favorito
Y las arcas de la iglesia rebosando
Del comercio mortal armamentista
el papa en su trono lo condena
Y en su lecho disfruta la noticia
Cada muerto por su arma favorita

SÍ …… SIEMPRE CONTIGO

de Rosario Salazar, el El Viernes, 19 de octubre de 2012 a la(s) 15:40 ·

 

Sí en la soledad piensas en mi, no estás solo, estoy contigo.

Sí en tu mirada descubres un brillo diferente, soy yo que te cobijo.

Sí en tu pensamiento mi imagen emerge, estoy presente siempre.

Si a tu tacto le falta la tersura de mi piel es que me extrañas.

Sí en tus noches de luna azul te hago falta, mira la luna y me encontrarás.

Sí me necesitas con tus pensamientos llámame, siempre estaré para ti,  cuando no me tengas a tu lado.

Sí sientes en tus brazos un vacío , cólmalos con mi existencia que ella complementará lo que necesitan.

Si necesitas un roce de ternura, mis manos te prodigarán cada caricia que apetezcas.

Sí en la brisa un aroma te besa, es el perfume de mi cuerpo que te busca para amarte.

Sí en el agua siempre cristalina miras una nube de deseos, son mis brazos que te extrañan.

Sí me miras sin mirarme y una ola de suspiros te besan, son mis labios que pronuncian tu nombre con solo pensarte.

Sí me hablas en tus adentros vibrando con mi nombre, son los latidos de mis venas que te llevan en la sangre.

Sí a todo lo que tus emociones exaltan estoy primero, es porque en mis inquietudes eres tú el inicio de mi todo.

Sí nada te convence y mi sentir te seduce, es que en tus sentires te colma mi querer.

Sí te amo y me amas y todo el infinito es nuestro, no dudes vida mía que serás mi oración de cada día.

Sí tus manos y manos son deseo en nuestras pieles, hagamos sentir que colman la costa de nuestra naturaleza

Sí retozas en mis mieles y encuentras un ribete en los bordes de mi esencia, eres capaz de hacerme tuya.

Sí te privo de libertades y te hago reo de mis empeños,  es porque te deseo aún sin  tocar cada parte de ti.

Sí siendo mi cautivo percibes la pasión y el arrebato en cada una de mis ansias, vivirás el retumbe de mis adentros, sabiendo lo que siento.

Sí la ilusión de sabernos habla en tus poros y la voz del contacto de mis huellas te hacen temblar con mi eco, es porque el calor de nuestros alientos son la esencia de este sentimiento.

Sí las horas no se mueven cuando en amores entretejemos la cubierta de nuestras figuras, es que el tiempo sigue siendo nuestro y los espacios los cubrimos en cada abrazo que tejemos.

De mi amiga Maria Amparo, poeta que no quiere lo sepan

Tres golpes de pecho…

Mi pecado fue llamar por la noche y decirle cosas sucias al oído,
hacerle el amor con furia ¡Dios mío! y haberle quitado la ropa,
tomar de su cabello, morderle los labios, decirle te quiero y hacernos pedazos,
aruñar su espalda, gritar su nombre, bajar lentamente su abdomen,
Santa Evangelina ¡Mi pecado fue enorme!
Lamí sus dedos, le recorrí la espalda, sople en su oído, profané en su cama,
monté sus caderas y no pude parar, fue tanta mi herejía que le exigía aún más,
nuestros cuerpos sudaban y los deseos no cedían,
si ha de haber un culpable ¡Toda la culpa es mía!
Yo le cambiaba el rostro y sus tiernas manos finas,
le inventaba besos toscos mientras me ponía algo fría,
Así pasamos las horas mientras la madrugada seguía,
sus manos toqueteaban mi intimidad, mientras yo a la suya humedecía,
jalaba mi cabello mientras me mordía el cuello,
Dame tres aves marías, échame agua bendita,
que no olvidaré esa noche ni su figura maldita,
por mi culpa, por mi culpa… Tres golpes de pecho,
que hoy he quedado de ver …La, confieso

En riempos de traición a la patria la migracion es un problema menor

Frontera, desierto y muerte

REOL

Es verano/los ríos fluyen /agua limpia que el cielo envía/si hay fronteras que importa?/el agua no tiene cadenas/

Acerco mis pasos a la línea/extiendo mis brazos/en mi abrazo apriete fuerte el aire/es igual de este lado que de aquél/respiro/aspiro/exhalo/otros rostros miran también hacia el norte/los veo/los percibo/los intuyo/ocultos en cada roca, matorral, llano o vaguada/ojos alerta/atisban, olfatean/escudriñan a las sombras, la luz que rompe y desgarra las sombras/oído atento/labios prietos acezantes/aire silbando entre sus dientes/ tercos, cerrados/apresando el grito.

El alambre, púas rectas, filosas/no es prisión que impida sus pasos/ detener el rumbo/norte/siempre  norte/avanzas/tropiezas/caes/paras/algunos no avanzarán ya mas/polvo al polvo/regreso al origen/cuerpos insepultos/podridos o comidos por coyotes/aullarán mañana.

Llueve/ ríos fluyen/huesos, tendones. piel/ abonan las riberas/flores fugaces destellos de colores/horizonte siempre seco calcinado/respira hoy/vida de la vida que se extingue/de sueños truncos en las dunas ardientes del desierto.

Tres mil kilómetros infinitos/tres hilos de almabre/bardas de hierro/aguardan pacientes a sus presas/pero es aquí/en desérticas planicies y montañas que la cuota diaria de muertos se acabala/no es cortando el agua del bravo, el colorado, el canal de algodones.

Es aquí/  cincuenta grados a la sombra/ la sed te atrapa/ caminas, caminas, caminas/ solo miras espaldas/secas, anhelantes de humedad/ pies heridos, sangrantes, ampollados/ un paso, dos, tres/ siempre al norte/desfalleces/te levantas/persistes/necesidad es vida y también es muerte/ te quedas/los demás van/norte siempre norte.

Desnudo/ lloraste lagrimas que la tierra jamás besó/solo el aire/aliento del infierno/ eleva  el llanto hacia donde el alma/ cansada ya de habitar tu cuerpo/ seguirá/ cuando el llanto cese/ seco el cuerpo/exhalado el último aliento/ cuando el llanto cese/ seco el cuerpora jam, dos, tres, siempre al norte/desfalleces/te levantas/persistes/necesidad es vida

 

Un poema de este escritor “maldito”., murió un día como hoy 31 de agosto

Charles Baudelaire

Sé bella y sé triste

¿Qué importancia tiene vuestra bondad?
Se Bella y se Triste, las lágrimas
agregan encanto a tu rostro
como la lluvia al paisaje,
La tormenta rejuvenece las flores.Te amo más cuando la alegría
huye del balcón de tu frente,
Cuando tu corazón se hunde en el horror,
Cuando sobre tus cejas se despliega
La temible nube del pasado.Te amo cuando tus grandes ojos derraman
Un agua tibia como sangre,
Cuando a pesar de mi mano acompañante,
El peso de la angustia horada tu voz
Como un quejido agonizante.Y aspiro, divina voluptuosidad,
Himno de profunda delicia,
Todos los sollozos de tu pecho,
Y creo que tu corazón se ilumina
con las perlas que caen de tus ojos.

 

 

[ESCRIBO] Cuando la mujer escribe, muere. Es su sentencia de muerte. Aquí la ilusión se paga con la vida… Elena Garro
Tomado del muro de su autora Mónica Gameros
Escribo poemas y lo llaman delito.
Escribo mis ideas y me llaman radical.
Escribo lo que veo, lo que siento, lo que huelo.

Escribo de la mugre que no huele como la miseria
aunque se le parezca; la mugre es medio pegagosa,
tiene una suerte de alegría, en cambio la miseria,
es un desierto infinito, sin norte, sin sur, sin límite alguno,
de hecho, podría ser un laberinto por el que se puede dar vueltas y vueltas sin llegar a ningún punto y podría ser un valle de silencio.Ay la miseria, es tan coqueta, entallada en jeans de diez dólares,
tiene sabor a fritanga quemada sobre el anafre.
Ay la mugre, algunos snobs dicen que tiene su parte rústica,
la comparan con una postal en blanco y negro, y eso
les parece bello, les parece pintoresco
porque no saben lo que es buscar un mendrugo bajo las cajas olvidadas en los rincones de una alacena.Escribo y escribo para olvidarme del eco que retumba en mi pecho, es un eco que se hace lluvia negra, un eco que no me deja estarme quieta.Escribo como si construyera una barricada contra la tristeza,
una suerte de aduana por la que quisiera frenar los recuerdos,
una suerte de frontera donde pudiera detener la nostalgia que se tragó mi voz por años y me dejó callada, sólo observando,
sólo contemplando las figuras, las sombras,
los colores de lo simple, los hombres que no son hombres,
los fantasmas que se aferran a ser lo que no son: hombres alegres que van por los caminos chupando la alegría de las chicas que salen de juerga buscando un poco de libertad convertida en beso fortuito.Escribo lo que pienso, lo que siento, lo que creo
y me señalan como si fuera un pecado capital hacer poesía.-Monica Gameros- del libro LAS ALAS DEL VERSO, Cascada de Palabras, cartonera. Vol. 1 Colección Pocket Poetry http://www.facebook.com/photo.php?fbid=10150978667153026&set=a.10150495231598026.377955.640863025&type=1&theater

 

 

Tomado del muro de carlos manuel cadenas mendoza en Facebook

BAJO LAS FALDAS

Las nebulosas llueven para mí
botones y arterias
¿Qué te parece

 si caminamos
sin pronunciar palabra?Hoy decididamente amanecí
en las preguntas
en le vacío que se llena
entre la última letra
y el signo de puntuaciónNo me mires
alimañas de sal
forman
el brazalete que me cubre
hasta las rodillas
Cada transeúnte me habla
de hombres gigantes
de la herencia heroica
que nos contiene
de mi deber de presentarme
exacto al muelle
Señalan
que he de llevar en mi equipaje
las cuentas por cobrar
el dolor con el que la brisa
se repliga
Cada uno me propone partir
Es sólo un viaje me dicen
Es sólo un viaje
Negarse es reconocer
que fuimos derrotados antes de partirNo me mires
Ahora puedo contar
los peces y la carnada
ahora puedo
con la mínima luz de la mirada
ver en tus labios el naciente de un idioma
del idioma tuyo que brilla
negro
molecular
como una noche de noche
en el firmamentoEllos me hablan
Tú me hablas
de grandes batallas
que al parecer deben estar
en algún lugar de mis olvidos¿Qué te parece si caminamos
Sin pronunciar palabras?
¿Entiendes ese silencio que te pido?
Jamás reconstruiré un automóvil
ni seré el jockey
que gane un clásico en el hipódromo
estoy lejos
de la mínima estructura que se pide
para ser reconocido llanamente
para ser
organizado en los archivos
atomizado
rotulado
amado
odiado
indultado
incorporado
masticado
defecado
prolongado
y de súbito
nombrado poeta sin minúsculas
No me mires
Escucha conmigo los aviones
no son gaviotas
ni amores submarinos
afina el oído
en algún lugar alguien levanta
bajo las faldas de los disparos
un cuerpo
simple cuerpo
diligentemente mutilado¿Qué te parece si caminamos
sin pronunciar palabras?
En verdad
hoy amanecí en la circunstancia
de medir las calles
no con sílabas y acentos
medirlas
con algo más certero
que el silencio
carlos manuel cadenas mendoza

Para mi ego no me dejo fuera

Que chingados escribo?

Reol

Si los días son iguales/Sale el sol, la luna las estrellas/Los ríos corren siempre hacia al mar/El aire seca los campos/mueve las ramas de los árboles/ la hierba de los prados/ la lluvia siempre nos moja y el sol tuesta nuestros rostros/ hiere las pupilas/ilumina las sonrisas/espanta las sombras y siempre se oculta en el horizonte.
Entonces? Que chingados escribo?
Si escribo de mi país soy revoltoso
Si lo hago sobre mi soy vanidoso

Si lo hago sobre ti, aquel o aquella, soy mitotero
Entonces? Que chingados escribo?
Escribiré quizás de lo que a nadie le importa/del gato que el perro correteo/Del niño aquel que se comió a escondidas una fruta en el super/de la niña consentida que borracha chocó el auto de papá/ de la persona que ayer fue levantada igual que antier otra lo fue también/ del policía que repentinamente ciego no vio a quien enfrente de su cara se cogió a la ley y su librito/del maestro con dos plazas que se ofende si el alumno le cuestiona e impaciente ve el reloj/
Pero todo eso es siempre estar en uno de los supuestos/revoltoso, vanidoso o mitotero
Entonces? Que chingados escribo?
¿¡Tu?! Dime.

NO TODOS LOS DÍAS SON IGUALES

de Teresa DE Campos, el El Martes, 28 de agosto de 2012 a la(s) 20:07 ·

Hay momentos en que la vida duele,

Tanto o más que el ayer

Y  yo sigo sonriendo,

Mientras el alma llora como una niña,

Sin paz ni esperanza,

Para otro día más de agonías…

 

Son las tristezas de la vida

Las que le quitan vida al alma…

Y este cuerpo cansado,

Guarda el eco en las entrañas

De una pena grande

Como la vida misma de un parir…

 

Y yo sigo caminando

Entre  las piedras, sollozando,

Cayendo siempre de frente,

Sin miedos, sin sueños,

Solo yo, hablando Y preguntando,

Porque la vida es así…

 

La vida debe cambiar me pregunto?

Para bien o para mal

Porque Para ser feliz en esta vida

Ay que llorar un poco

Y cargar la cruz de vez en cuando,

Aunque sea solo un instante…

 

En algún momento de esta vida

Todos tendremos que reír y ser feliz

En un u otro momento

Todos tendremos que llorar o sufrir

Porque la vida no es perfecta,

Ni el hombre,  ni más yo.  Que soy mujer…

(TERESA DE CAMPOS)

y la primera enviada por ella de Cristian Ochoteco

Lamento del Indio

Qué pena los españoles, allá por el mil quinientos,

haciéndonos trabalenguas,

trayendo por agua el fuego;

multiplicando en sus espejos

humo y dolor de este cielo.

Qué pena los españoles, allá por el mil quinientos,

cambiando un tanto los tantos:

conquistando, ¡que no invadiendo!,

haciendo con carne quemada

de la América el incienso.

Qué pena los españoles, allá por el mil quinientos,

en nombre de la Palabra

revelando, también mintiendo,

predicándonos su Verdad,

causando guerra entre pueblos.

Qué pena los españoles, allá por el mil quinientos,

trayendo su Pan de Vida

y bautismos, por hombres muertos;

alzando cruces de piedra,

sembrando la tierra de cuerpos.

Qué pena los españoles, allá por el mil quinientos,

sepultando tanta historia,

mil altares construyendo;

matando pa’ recaudar

en nombre del Ministerio.

Qué pena los españoles, allá por el mil quinientos,

saqueando, abriendo las puertas

que llevan -dicen- al Cielo.

¡Y qué pena los españoles, allá por el mil quinientos!

Vinieron a hacerse la América

y de América, hicieron infierno.

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