Cuando el hambre traiciona

CIUDAD DE MÉXICO (apro).- La dramaturga Jimena Eme Vázquez está segura de que el hambre saca lo peor de nosotros. Por eso le escribió una obra.

Montada por la compañía Sobredosis, Hambre es la historia de tres perros –un viejo y cojo Bulldog, una cachorra Border hiperactiva y una Cocker mal encarada– que tienen que arreglárselas para sobrevivir en su departamento tras el suicidio de su dueña, quien en una crisis de depresión la cabeza no le dio para pensar en ellos.  

El director Fernando Reyes se apropia del texto y nos regala un montaje divertido, violento, conmovedor y audaz que deja al público al borde de sus asientos.

Los actores Juan Carlos Medellín, Alejandra Reyes y Fernanda Aragón dibujan tan, pero tan bien las personalidades –¡perdón!: perronalidades– de cada perronaje, que muy pronto les vemos cara de can, y la convención es abrazada con gusto por el público.

Y es que la obra fue escrita específicamente para los actores que la interpretan, incluso las razas fueron elegidas a partir de sus características físicas y psicológicas. Es por ello que más que imitar una conducta canina, exploran su parte más animal.

Los perros conocen mucho mejor de lo que pensamos a sus dueños, y crean vínculos que difícilmente se romperán. ¿Será más fuerte la lealtad a su raza o a su amo?

La obra se desata de preguntas existenciales como “¿qué nos hace ser humanos?”, “¿qué nos convierte en una raza superior entre los seres vivos?”, “¿Cómo nos comportaríamos en las circunstancias de un perro hambriento?”.

El símil que se utiliza con los perros está tan bien manejado que a todos los humanos nos queda la correa. Las situaciones límite nos muestran tal y como somos, incluso como nosotros mismos no nos conocemos. El hambre es universal.

Si no nos mata antes, Hambre sigue hasta el 27 de junio en el teatro La Capilla (Madrid 13, colonia Del Carmen, Coyoacán), los miércoles a las 20 horas.

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