¿Cómo desinflar a AMLO?

Por Alejandro Páez Varela

SinEmbargo

La ocurrencia rusa de Javier Lozano nos dio a todos grandes horas de diversión. Foto tomada de video

Ricardo Anaya le ha llevado tres grandes noticias a Andrés Manuel López Obrador en los últimos pocos meses. La primera fue darle un manotazo a los Calderón y bajar a Margarita Zavala del PAN; la segunda, trabajar al interior del PRD hasta restarle fuerza a la candidatura de Miguel Ángel Mancera, e instalarse él; y la tercera fue enfrentarse con el Presidente Enrique Peña Nieto y así, abrirse un enorme y desgastante frente. Margarita pudo ser un problema para AMLO porque, como parte mismo del sistema, podría convencer a los que organizan el “voto útil” contra el izquierdista. Mancera, si bien no compite con AMLO –vistas todas las encuestas–, podría robarle votos de izquierda (adentro de Morena se calcula que el perredista de hueso colorado no votará por Anaya sino por López Obrador; y creo que calcula bien). Ambos personajes, y el Presidente, fueron desinflados por Anaya.

José Antonio Meade ha generado, también, buenas noticias para el tabasqueño. La primera es su designación. Miguel Ángel Osorio Chong carga con negativos, pero tejió alianzas estado por estado para ser candidato; la llegada de Meade dejó un PRI extrañado y aunque los priistas son aplaudidores por naturaleza, aplauden por disciplina: ya veremos cómo votan. La segunda buena noticia que el ex Secretario de Estado entregó a AMLO fue darle por su lado al Presidente, y aquí requiero explicarme bien.

Un político de muy buen nivel me contó que cuando vio a Osorio Chong, conversaron y él le preguntó que por qué no fue candidato. Me dijo que le respondió algo así: “No sé. Pero sí sé por qué el Presidente escogió a Meade: porque cree que puede jalarse los votos del PAN”. Reproduzco lo que me dijo ése político, y no tendría por qué mentirme.

Meade, por supuesto, no ha jalado votos del PAN, salvo uno (que le saldrá caro): el de Javier Lozano. Es un mal cálculo del Presidente, porque el panista difícilmente vota por el PRI. El militante panista es radical en eso, en su militancia.

Meade ha azuzado todo el aparato del PRI y del Gobierno en contra de Ricardo Anaya porque quiere desfondarlo para crecer a fuerza del voto panista desencantado, cálculo que es del Presidente y que justifica su candidatura.

Sin embargo, ese empecinamiento –hacer campaña hundiendo a su oponente– no ha resultado en votos. Meade puede llevar su malentendido muy lejos pero no le servirá de mucho, y cito las últimas encuestas y el consolidado que hace Bloomberg de ellas.

Pero en algún momento, más adelante –y no porque lo desee sino porque pasará–, los dos candidatos con posibilidades voltearán la vista a AMLO. Voltearán, y se harán una pregunta: ¿Cómo desafiar a AMLO, que está entre 12 y 18 puntos arriba en las encuestas? Podrán hacerlo unidos o por separado, como gusten. Pero lo harán.

Escribí hace dos meses que el pleito de panistas Meade-Anaya podría entretenerlos un buen tiempo. Pero ahora los veo darse la mano y voltear hacia López Obrador. Así que el “¿cómo desinflar a AMLO?” será la gran pregunta para las siguientes semanas. Sus equipos tendrán ideas. Veamos si le atinan en algo.

También repetiré, a manera de advertencia para el puntero, lo que dije hace unas dos semanas: que en cuando Meade pase al segundo lugar, algo que dudo cada vez más, el Gobierno de Peña Nieto se involucrará directamente en la guerra contra López Obrador.

También dije que el PRI no sabe quedarse segundo lugar y que del segundo brinca directito al fraude. Como lo vimos en Edomex.

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¿Cómo desafiar a AMLO? ¿Cómo desinflarlo? Bueno, los estrategas y casi cualquiera puede coincidir en una, dos o tres cosas.

Batería de debates. Está el tema de los debates, encañonarlo en televisión nacional. Yo recuerdo que López Obrador era bueno debatiendo: le puso unos muy buenos coscorrones a Diego Fernández de Ceballos en alguna ocasión con López Dóriga. Pero algo le pasó. Ahora se encierra en tres, cuatro frases que repite y repite: “hay pájaros que cruzan el pantano”, “seré Peje pero no lagarto”, cosas así. Meade tampoco es, digamos, una chucha cuerera. Y no es porque no sepa: sabe un montón; pero los temas que él conoce a fondo son los que tienen harta a la gente. Y si no, vuelva a ver la abucheada que le dieron en el evento de Jorge Vergara. ¿Para qué quiere debatir si de lo que sabe es de lo que nadie quiere oír? Puras explicaciones macro, puras fórmulas que no funcionaron en sus cinco secretarías. Mientras le silbaban, él decía que si no se subían las gasolinas se cerrarían hospitales y quién sabe qué más. Choro mareador. “¡Fuera, fuera!”, le gritaban. Pues sí. Da güeva lo que diga porque nada contrarresta que él y Peña prometieron que los combustibles bajarían. Aquí, y López Obrador tiene razón en decirles que se atendrá a los debates autorizados –exactamente como lo hizo Peña, no se nos olvide–, el tema es el muchacho. Anaya es un fajador. Es quizás la única experiencia que tiene, porque ha hecho vida partidista y parlamentaria. Y si agarran a AMLO entre Margarita, Anaya y Meade, pues le van a dar una buena descalabrada. Si pierde un punto por debate, o dos, se aprieta la elección. AMLO tendría que asesorarse bien. Tiene que verse PRESIDENCIABLE, punto; es lo que recomendaría cualquier gañán en la materia. Lo de “los rusos” y el “amor y paz” le salieron naturalito, pero debe dar más. Repito: verse presidenciable. Que la gente se lo imagine cruzado por la Banda Presidencial.

La gran bomba. Con los alacranes que jaló AMLO a las plurinominales, está la amenaza de un ataque nuclear, Jacobo. Que le suelten una bomba gigante cerca de la elección. Un Napoleón Gómez Urrutia puede servir; el tipo debe traer en la barriga lombrices y hasta mineros. Tiene que ser gente muy cercana al líder de izquierdas para que el bombazo funcione. Una Eva Cadena ya no lo destruye, porque la gente ha visto cómo se las gastan con él. Va a sonar bofo, como ella; a fraude, a montaje. Bomba nuclear: que los hijos se hayan descuidado con algo, por ejemplo. A uno de los chamacos le descubrieron unos tenis de rico y ha servido para darle a AMLO hasta por debajo de la lengua durante años. Bomba con video, de las que le gustan a Carlos Salinas y al “Jefe” Diego. Un bejaranazo, sin más. Yo lo veo improbable porque ha estado lejos de presupuestos públicos durante años; pocos que respondan directamente a él podrían haber sido grabados. Pero puede suceder por lo que digo: por los alacranes que trae cerca con tanta alianza pragmática.

El efecto chachalaca. Y está la tercera fórmula: hacerlo perder la cabeza. Pero AMLOVE está instalado en el amor y paz y no será fácil. La ocurrencia rusa de Javier Lozano nos dio a todos grandes horas de diversión; a sus simpatizantes les dio tema de campaña y a López Obrador, la oportunidad de un video sabrosísimo. No dije atacarlo: hacerlo perder la cabeza para poder aplicarle un “cállate chachalaca-a-a-a-a” (eco de aquél video de 2006). ¿Y cómo podría perder la cabeza? Fácil: si se desespera. ¿Y cómo se desespera? Cuando no sabe cómo actuar frente a una eventual caída en las encuestas. Sí, porque puede bajar. Sería natural, nada del otro mundo. También se puede recuperar si cae. Pero AMLO suele tomársela mal. Reparte madrazos. “Tengo mis propias encuestas y voy 40 puntos arriba”, “encuestas cuchareadas”, etc. Y hasta cosas más fuertes que luego luego toman nivel de cataclismo en boca de empresarios; gobernadores; PRI, PAN y PRD; intelectuales, varios medios de comunicación y comentadores.

Como ven, de tres estrategias posibles para desinflar a AMLO, dos están en manos del mismo dirigente de izquierda. Y una tercera, la bomba nuclear, tendría que ser realmente nuclear, Jacobo, para que funcione. No la descarto pero la veo remota.

López Obrador ha estado dos veces ya en medio de huracanes. Mucho más en 2006 que en 2012. Pero esta vez el viento sopla a su favor.

Ahora veremos si, como hasta hoy, aprovecha el viento para empujar el cometa, o se desespera y le da jalones a la cuerda… hasta que la rompa.

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